DMAE. Descripción, diagnóstico y tratamiento.

¿Qué es?

La degeneración macular asociada a la edad (DMAE) es una enfermedad ocular que consiste en un deterioro progresivo de la mácula, que es la zona de la retina cuya función es percibir los detalles más finos de la visión. Esta enfermedad afecta al centro del campo visual. Es la causa más común de ceguera en personas mayores de 50 años en los países occidentales.

Existen dos tipos de DMAE:

1. DMAE seca. Es el tipo más frecuente. Su progresión es lenta, y se debe a acúmulos de pequeños depósitos de color amarillo, llamados drusas, en la mácula, que afectan a la visión del ojo.

2. DMAE húmeda. Es el tipo menos común y el más grave. Se produce al formarse vasos sanguíneos anormales en la mácula, que debido a su fragilidad pierden fluidos y sangre que dañan los tejidos. Su progresión es rápida y agresiva, y puede derivar en ceguera en cuestión de meses.

¿Cuáles son sus síntomas?

La DMAE es una enfermedad que no produce dolor. Los síntomas aparecen inicialmente en un solo ojo, pero con el paso del tiempo suelen verse afectados los dos. Los síntomas que suele ocasionar la DMAE son:

– Pérdida de visión central, áreas oscuras o borrosas en el centro del campo visual.
– Percepción distorsionada de líneas rectas.
– Dificultad en la realización de tareas que requieren visión de detalle: coser, leer, etcétera.

Factores de riesgo

El principal factor de riesgo para en la DMAE es la edad. No obstante, existen otros factores de riesgo:

– Sexo. Las mujeres tienen más riesgo de padecer DMAE que los hombres.

– Herencia genética. Las personas con antecedentes familiares de DMAE presentan mayor riesgo de padecer la enfermedad.

– Hábitos alimenticios. La mácula es especialmente sensible a los radicales libres, que son átomos o moléculas que por sus características dañan con facilidad las células del cuerpo. Una dieta pobre en antioxidantes, con exceso de colesterol y grasas saturadas, así como el consumo de alcohol y tabaco, elevan los niveles de radicales libres presentes en el organismo, y con ello el riesgo de padecer DMAE.

– Otros factores de riesgo. Otros factores que influyen en el riesgo de padecer DMAE son el color de ojos, la exposición a la radiación solar, la hipertensión arterial, la obesidad…

Diagnóstico

El diagnóstico precoz es fundamental para ralentizar el progreso de la enfermedad. El oftalmólogo realiza un examen del fondo de ojo para determinar el estado de la retina. También puede realizar el test de Amsler para determinar si el paciente sufre distorsión en la percepción de líneas rectas.

Otra prueba diagnóstica que puede ser prescrita por el oftalmólogo es la angiografía fluoresceínica. Consiste en inyectar un contraste en la sangre, y realizar una serie de fotografías del fondo de ojo del paciente.

Otra de las más recientes incorporaciones al diagnóstico de la DMAE es la utilización de la tomografía óptica de coherencia. Esta tecnología, disponible en Tecnoláser Santa Justa, permite realizar un estudio rápido y sin molestias para el paciente del estado en el que se encuentran las distintas capas que componen la retina y el nervio óptico. Gracias a este dispositivo tecnológico podemos realizar un examen muy detallado del estado en el que se encuentra la mácula del paciente. Podemos diagnosticar alteraciones incipientes y realizar un seguimiento de las medidas terapéuticas empleadas.

Tratamiento

Actualmente no disponemos de ningún tratamiento que cure esta enfermedad. Los tratamientos existentes están destinados a frenar su avance.

Las medidas terapéuticas para la DMAE seca comprenden exámenes de fondo de ojo frecuentes y administración de fármacos vasodilatadores y antioxidantes.

Para la DMAE húmeda los tratamientos que se pueden utilizar son:

Laserterapia. Consiste en sellar con láser los puntos de fuga de fluidos, detectados mediante una angiografía fluoresceínica. Con esta técnica el láser también destruye parte del tejido sano.

Terapia fotodinámica. Se inyecta por vena un fármaco inactivo que llega a los vasos sanguíneos anómalos del fondo de ojo. Después se aplica el láser, que activa el fármaco sellando los vasos sin dañar los tejidos adyacentes.

Inyecciones intraoculares de fármacos antiangiogénicos. Suponen la medida terapéutica más esperanzadora del momento actual. En los casos adecuados pueden llegar a permitir un retroceso de la enfermedad.

Intervención quirúrgica mediante vitrectomía. Se lleva a cabo en casos muy concretos y determinados en los que otras medidas terapéuticas no son posibles.

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