A partir de ahora nos vamos a adentrar en un escenario de relaciones muy diferente al que tenemos interiorizado

Los seres humanos en sus relaciones personales sienten inmediatamente afecto o indiferencia hacia el otro por pequeños detalles, es lo que todos conocemos como “la química “.

Esa “química”, o “chispa” es la que hace despertar neurotransmisores que nos hacen sentir simpatía, apatía y otros sentimientos.

La pregunta es cómo va a influir a partir de ahora en esa “chispa”, situaciones en las que la distancia es un indicativo de respeto y civismo, cuando antes era un saludo, un abrazo o un beso lo que más valorábamos.

Al mismo tiempo si la “cara es el reflejo del alma”, cómo vamos a percibir el efecto de nuestras expresiones y palabras en la persona de enfrente si nos han robado la mitad de la emotividad con el uso de mascarillas.

Cómo vamos a conocer los estados de ánimo cuando nos piden que nos movamos poco y hablemos menos, porque facilita la trasmisión del virus.

Si eso lo trasladamos a una Consulta Médica, el paciente no va a poder percibir esa seguridad que da la expresión facial o corporal del médico o el tono de voz, ahora apagado por barreras colocadas delate de los labios.

Y como va a conseguir el médico esa empatía necesaria con el paciente, cuando se dificulta la relación humana, que en medicina   estimula la intuición tan necesaria para mostrar el camino hacia el “ojo clínico” y también hacia la relación de confianza.

Cómo vamos a reconfortar a nuestros pacientes o trasmitirle seguridad y cómo la va a percibir el enfermo con tantas barreras de expresividad entre ambos.

Es hora de trabajar mucho la paciencia y mejorar aún más la inteligencia emocional.

Todo un reto para los médicos y sus pacientes.